domingo, 5 de mayo de 2013
3 años
Últimamente, tengo tantas cosas en la cabeza, y tan poco tiempo, que ni me acordaba de que, este pequeño rinconcito personal, cumplió el mes pasado 3 años.
Desde abril de 2010, más de 437 entradas, y más de 265.000 visitas.
Nació como válvula de escape, como un diario personal pero abierto a quien quisiera leer. Una columna personal, sin temática fija, donde plasmar, de forma más o menos ordenada, buena parte de lo que pienso y siento. Pero, por encima de todo, el placer de escribir sólo para mí, sin intención de hacerlo necesariamente para los demás, ni de agradar, ni contentar a nadie. Era y es importante establecer esas líneas rojas, que permiten escribir en libertad, con independencia: sin estar condicionado a nada ni nadie en particular.
Y así pues, la gente decidió acompañarme a través de la lectura y de los comentarios. Aprecio y valoro enormemente el hecho de que alguien decida, de forma totalmente opcional, voluntaria, invertir parte del tiempo en leer las aventuras de alguien más en este planeta.
Por esta razón, el objetivo de este mensaje no es otro que el de agradecer, desde las bases de la humildad y la sinceridad, la lectura y opinión de todos (cerca de 1.000 comentarios). Y, en particular, un regalo, algo que no estaba dentro de mis planes: establecer lazos de amistad con personas que han llegado a través de este medio, y ha permitido incluso relacionarnos fuera de este blog.
El dominio del blog lo renové el viernes por dos años más. Hay cuerda para rato :)
¡A seguir cumpliendo años!
Gracias.
Día tranquilo
Ayer, tuve ocasión de hacer una pequeña escapada. El destino fue Las Gabias, un pequeño pueblecito de Granada, de unos 18.000 habitantes.
Me gusta vivir en ciudad, pero el estrés y las prisas propias de una gran urbe, a veces, pesan. Y aunque no soy muy pueblerino, me gustó no oír el tráfico rodado de los coches, la tranquilidad, el hecho de ver las calles en calma, el silencio y el aire limpio.
Os dejo una fotografía que hice ayer por la tarde, de una de las plazas del pueblo.
¡Saludos a todos!
Me gusta vivir en ciudad, pero el estrés y las prisas propias de una gran urbe, a veces, pesan. Y aunque no soy muy pueblerino, me gustó no oír el tráfico rodado de los coches, la tranquilidad, el hecho de ver las calles en calma, el silencio y el aire limpio.
Os dejo una fotografía que hice ayer por la tarde, de una de las plazas del pueblo.
¡Saludos a todos!
miércoles, 1 de mayo de 2013
Influencia
Soy consciente de que, las personas que, por muchas y muy distintas razones, no pasamos inadvertidas para otras tantas, generamos un mayor contenido de opinión, de crítica... De impresiones, en general. Y, más allá de si la crítica es positiva o negativa, creo que producir reacciones es positivo: no hay nada más aburrido que pasar sin pena ni gloria por la vida.
En fechas recientes, he sido conocedor de que, en uno de los círculos en los que me muevo (moderadamente estrecho, cercano, pero fuera de los niveles de la amistad), algunos miembros advierten a otros del 'importante y marcado poder de influencia' que puedo generar, y de hecho, al parecer, generaba en otras personas del círculo.
Y, en el supuesto de que así fuese, el poder de influencia, ¿es bueno o es malo? Según el contexto y según el propósito. En definitiva, según qué palos se toquen: según por qué y para qué.
Soy milimétrico, absolutamente preciso a la hora de escribir, como un cirujano con su bisturí. Para quien no haya hilado, el círculo en el que se genera esta impresión, queda absolutamente fuera de cualquier entorno relativo a la amistad. Y, si esto es así, un buen puñado de los pétalos de la margarita se van deshojando: no cabe lugar para influir en asuntos relativos a lo personal, ni directa, ni indirectamente.
En el entorno donde se genera esta impresión, soy el mejor. Suena muy pretencioso, pero es una realidad basada en la matemática, constatable y, por consiguiente, objetiva. No hay mes que no me lo hagan saber (más bien reconocer), y yo lo acepto con humildad, pero siendo consciente de que eso es así porque reúno una serie de cualidades entre las que se encuentran la perfección y la perseverancia. El éxito se labra, en la mayoría de los casos, sólo con esfuerzo y constancia.
La persona a la que se advertía de mi enorme poder de influencia, con el tiempo (¿y la influencia?), llegó a ser la segunda mejor. También se puede demostrar con la misma vara de medir. ¿Casualidad?
Entonces, recuperando la pregunta inicial, ¿el poder de influencia, del que ni era consciente que generase, es bueno o malo?
Entiendo que si alguien quiere organizar la vida y agenda personal de otro individuo, desde luego es malo. Los del Opus Dei lo hacen de fábula. Hermana mayor de la influencia negativa es la manipulación. Si mover los hilos del títere es malo, dibujar y mostrar una falsa realidad a otra persona es aún peor. El títere, al menos, es consciente de por qué se mueve. De cualquier modo, esta es la concentración de la parte oscura del poder de influencia.
¿La parte buena? Picasso recibió influencias de sus antecesores, como Manuel de la Cuesta y Ramos, Belgrano, Martinez de la Vega... Y, al convertirse en genio y figura del pincel, generó una onda de influencia que recibieron personas como Alberti, Joaquin Peinado, Marín Higuero, etc. Yo creo que nadie puede tachar o dejar de reconocer a Picasso por su obra e influjo en sus predecesores... La influencia es un buen regalo, una forma de extender el arte de este genio y figura.
En definitiva, no se puede advertir gratuitamente de que Arguiñano tiene un cuchillo. Tan sólo lo utilizar para partir el bacalao como nadie. Y los espectadores y alumnos de su cocina, reciben una influencia, a todas luces, positiva. Y cada uno hará en su cocina lo posible por hacerlo, como poco, la mitad de bien que el chef.
No se puede explicar una realidad a medias. Realidades completas, expuestas en sus correctos contextos y sostenidas con argumentos sólidos, únicos y auténticos pilares de la razón.
sábado, 30 de marzo de 2013
Cuenta conmigo [Voz]
Por si alguien tiene curiosidad en saber cómo monto/edito los audios, he aquí una captura de pantalla de este mismo clip (clic en la imagen para ampliar).
jueves, 28 de marzo de 2013
Volver. Reinventar.
Tengo la sensación de haber concluido un largo ciclo en mi vida personal.
Desde los 16-17 hasta los 22 años, he vivido de forma extraordinariamente intensa, a todos los niveles, tanto para bien como para mal. También en el plano sentimental. Los años más felices. Años de estar en pareja. De amor. De compartir vida.
Ese periodo, no obstante, no estuvo marcado por la estabilidad: los mejores años, sí, pero con cinco parejas distintas. Y entre medias, algunos pasatiempos. Años de ascensos, y descensos. De aciertos, y tropiezos. De sonrisas y lágrimas. Sin pausa alguna.
Esa es la clave: no haber existido prácticamente descanso entre las distintas relaciones (muy distintas entre sí, por cierto), y no haber tenido tiempo de digerir esos ascensos y descensos de emociones, multiplicados por cinco. Que tampoco considero que haya sido un error, sencillamente porque nadie puede controlar ni cuándo, ni de quién enamorarse.
Pero sí es cierto que vivir rápido y de forma intensa, sin hacer revisión en las etapas correspondientes, pasa factura. Todo el trabajo se acumula al final, y termina por saturar. Como si en tu oficina llegases a acumular una montaña de folios y te preguntas por dónde comenzar.
Esa etapa comienza con un hartazgo generalizado por todo lo que tenga que ver con una candidatura a algo más que una amistad. Continúa con un firme compromiso de establecer un largo descanso sobre este mismo respecto (algo sencillo, propulsado por ese hartazgo). Y ese descanso incluye una profunda revisión sobre qué ha funcionado y qué no ha funcionado en el pasado. "Revisión de daños, Sr. Murdoch", decían en Titanic. Y el ejercicio de esa revisión no tiene nada que ver con la melancolía, o con querer volver atrás. Más bien todo lo contrario: se trata de concluir de forma ordenada una serie de etapas.
Bien. Esa etapa, efectivamente, ha concluido. El descanso emocional, positivo para oxigenarme. Y el periodo de reflexión, una terapia excelente para resolver, no sólo el pasado, sino situaciones de futuro. Hacía mucho tiempo que no sentía ganas de volver a sentir aquello de estar con una persona, compartir horas, días, vida...
Y, de alguna forma, alcanzar ese punto en el que me encuentro se traduce en volver a mis orígenes: más dosis de humor, de ironía, de actividad, de valentía, y sobre todo, de ilusión: el motor que mueve todos los engranajes.
sábado, 9 de febrero de 2013
Invertir el tiempo
Vivimos en la era donde, todo lo que importa, son las palabras y los hechos. Las conversaciones, una concatenación de palabras. Y los hechos, conclusiones o resultados finales de algo.
Creo que, por encima de todo, hay un factor aún más importante: el tiempo. Cuando alguien quiere hablar contigo, está invirtiendo su tiempo. Cuando alguien prepara con sumo detalle una sorpresa, invierte su tiempo. Si tarda 30 minutos en arreglarse para estar guapo para la cita que tiene contigo, está invirtiendo parte de su tiempo en ti. O, simplemente, cuando alguien quiere permanecer contigo (cenando, tomando un café, de viaje, o incluso una relación de pareja) está invirtiendo parte de su tiempo en ti. Y eso es bonito.
El tiempo, señores, tiene un valor incalculable. Se acaba. Es irrecuperable. Y hay gente que quiere gastar minutos, horas y días enteros contigo. No hay mejor regalo que la concesión del tiempo: la concesión de momentos.
sábado, 26 de enero de 2013
Bajas en el camino
Hacía tiempo que no dedicaba unos minutos a escribir en mi blog. Muchas de las personas que siguen mi blog, y se animan a crear uno, me plantean cómo gestionarlo con éxito, y con qué periodicidad escribir. Siempre he repetido lo mismo: "Cuando tengas algo interesante o relevante que contar". Esto es lo más parecido al cuaderno de bitácoras de un barco. Si en 10 días de viaje las aguas están calmadas y la travesía transcurre sin problema, es muy poco relevante lanzar un comunicado todos los días diciendo: "Navegamos a velocidad de crucero. Mar en calma".
Desde hace bastantes meses hasta hoy, todo ha ido viento en popa y a toda vela. Velocidad excelente de crucero. Encontré un trabajo que, si bien no es el soñado, aúna todos y cada uno de los factores positivos que puedes pedir a este respecto: comodidad, estabilidad, independencia, satisfacción económica y excelentísimas relaciones laborales con todos y cada uno de los que formamos el equipo.
El pasado jueves, la normalidad se interrumpió. El capitán del barco vino a mi puesto de control, de urgencia, y me comunicaba una noticia que ya conocía: dos de los cuatro compartimentos del barco están inundándose de agua por sendos agujeros que, desde el principio, estuvieron presentes. Las opciones:
- Sellar los dos compartimentos y sacrificar a los que trabajaban en los mismos, quedando así la mitad del barco inutilizado para siempre.
- Tirar por la borda a la mitad de la totalidad de la tripulación, para aligerar peso, y que la otra mitad sobreviva, mientras se intenta taponar el agujero por el que sigue entrando agua.
El barco, es una empresa. Los compartimentos, oficinas. El capitán, el jefe. Y la tripulación, la plantilla de trabajadores.
Y la decisión: la última. La más dolorosa. El adiós inmediato, en minutos, de la mitad de compañeros. Mi jefe me trasladó las nuevas condiciones en las que, si yo quería, podía continuar en mi puesto de trabajo. O sí, o no. La aceptación de las nuevas condiciones supondría el automático despido de mi compañera de trabajo; y una negativa, hubiera supuesto mi automática inclusión al poco exclusivo club de parados de este país.
No pude decir que no. Que un jefe confíe en ti, de nuevo, y ahora para soportar todo el peso de la oficina clave de la empresa, es de agradecer. Pero las condiciones en las que se ha producido todo... Fue de los momentos más difíciles y amargos de mi vida. Volver a aceptar la permanencia de un trabajo, y la confianza depositada, con lágrimas en los ojos, y con la ilusión por los suelos.
Tuve que suscribir un compromiso verbal de confidencialidad, a través del cual yo debía guardar un amargo silencio. La noticia del despido iba a ser comunicada por mi jefe, a mi compañera, justo al día siguiente. En 20 minutos, y de forma fulminante. Los que tenemos el periodismo inyectado en vena, sabemos que conocer una noticia antes que nadie, y comunicarla, es de lo más satisfactorio. Esta vez, todo lo contrario: me mataba por dentro. No pude dormir. Y a las 10:00 h, fue demoledor. Yo sabía que mi compañera estaba abriendo la oficina, como un día normal, y sabiendo que hoy iba a ser despedida por sorpresa. Que se acababa lo bueno. Y, lo que más coraje da: despedida en una oficina líder en beneficios, con una actuación intachable, absolutamente loable, admirable.
A mí, me toca asimilar todo. La sensación es muy parecida a cuando cortas de forma abrupta una relación de pareja. Es la misma rabia, y el mismo desánimo. Misma sensación de soledad. Teníamos un diario en el que, desde el principio, anotábamos las anécdotas del día a día. Los detallitos inesperados (desayunos, meriendas...) que nos dejábamos y nos encontrábamos al abrir la oficina. Y las largas llamadas telefónicas. Me entristece saber que eso ya no ocurrirá.
¿Y por qué me entristece tanto? Si fuese una compañera más, no lo lamentaría de esta forma tan intensa. La tristeza es proporcional a la felicidad que tenía. Y siempre, en conversaciones a todos los niveles (compañeros y jefes), he repetido por activa y por pasiva aquello de que el fichaje de mi compañera fue todo un acierto: "No podía encontrar compañera mejor". Es difícil encontrar a una persona que reúna algunas de las cualidades que, dicho sea de paso, tengo y de las que estoy orgulloso: amabilidad, fidelidad, generosidad y ganas por hacer bien las cosas.
Por evidentes y primordiales motivos de discreción, no voy a citar ni empresa, ni nombres, ni apellidos, ni números, ni siquiera el sector al que pertenecemos. Ni hoy, ni nunca. ¿Qué más da? Desgraciadamente, hoy en día, esta historia encaja en cualquier empresa de este país.
En fin. Muy triste todo. Muchísimo.
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