sábado, 22 de mayo de 2010

Room 107

[ Fotografía: 21 de Mayo 2006] [ Hotel AC Rivas Vaciamadrid **** | Habitación: 107 (2ª planta) ] [ Propiedades robadas a AC Hotels: la tarjeta electrónica de la habitación ] [ Precio: 89 € ]

La fotografía ilustra una esquina de la habitación donde creé con todo lujo de detalles la mayor de las mejores sorpresas que he podido dar a alguien. Ese día 21 de Mayo fue, sin ninguna duda, el día más feliz de mi vida. Fue, también, mi primer viaje a otra ciudad en solitario.

Lo guardo TODO, hasta lo más inimaginable: la tarjeta electrónica que da acceso a esa habitación, unas pantuflas rojas que, idénticas a las que tuviste a los pies de la bañera, usamos para secarnos. Tickets de todo tipo: restaurantes, factura del hotel, billetes del Metro, billetes del tren Málaga-Madrid-Málaga... Guardo hasta las velas aromáticas que dediqué colocar en cada una de las dos mesitas de noche, ya apagadas. Guardo las fotos que hice (y nos hicimos desnudos) por cuadruplicado: en el disco duro interno, externo, pendrives y hasta en varios DVDs. Guardo, como no podía ser de otra forma, cada recuerdo exacto de forma perfectamente cronológica. 

Fuiste mi primer amor. El más importante, el más orgulloso. Las demás relaciones, como ya comenté aquí, fueron perdiendo, sucesivamente, cada vez más gas e ilusión... 

Tiempo atrás de ese 21 de Mayo, la relación se fue enfriando sin motivo alguno. De hecho, no existe motivo real, ni causa definida por la que la relación se desvaneció. Pero nos queríamos, claro que nos queríamos. Y, prueba de ello, fue ese gran 21 de Mayo. Fui  profundamente consciente de que esa fecha nos marcaría, y sé perfectamente no lo olvidas. Que no me olvidas, como yo tampoco te olvido a ti. Que, a pesar del tiempo y la distancia, nos acordamos el uno del otro.

El día siguiente, 22 de Mayo, no quisiste volver a intentar lo nuestro por segunda vez. Me confesaste que tenías miedo a volver a apostar en esto que llaman amor, porque temías volver a pasarlo mal. Pero, paralelamente, seguías confesando que me querías, que me amabas... 

El amor, el corazón, es algo parecido a unos patines. Si te compras unos patines y no te los pones por miedo a que se rompan o te caigas con ellos, ¿para qué los tienes? Con el corazón pasa igual: es probable que te caigas en el primer intento, en el segundo y, como es mi caso, cinco veces. Pero compensa no haberte caído durante meses o años. Porque quien no arriesga, no gana.

Por avatares de la vida, no mantenemos comunicación desde hace dos años aproximadamente. Sé que aquello nos marcó, y que desde entonces somos personas diferentes. ¿Mejores? ¿Peores? Quién sabe. 

El tiempo pone a cada uno en su sitio. Y, en este caso, no es una expresión que use como tridente, ni siquiera de forma defensiva, sino absolutamente lo contrario: sé que, a pesar del tiempo, nos queremos, y si es y sigue siendo así, no tengo duda de que la vida, a lo largo de este viaje en el tiempo, volverá a reencontrarnos.

Mientras eso ocurre (si ocurre) e incluso con la muy probable certeza de que esto no lo llegarás a leer, te sigo deseando lo mejor, Kike.

2 comentarios:

  1. Dios mío, me he leído todo tu blog en una noche de éstas que haces lo que sea por no estudiar. Solo pensaba leer un post... hasta que me he dado cuenta de que me lo he leído enterito. Ángel, pffff, super... no sé, es REAL. :)

    Un abrazo y un beso!

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  2. sorprendente...

    algún día hablaremos, llevamos mucho sin hacerlo mientras tanto te deseo que sigas siendo igual, porque como mejores desapareces!

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