sábado, 3 de julio de 2010

Goleada de besos y abrazos

Al concluir el partido de fútbol en el día de ayer, de auténtico infarto, la euforia fue importante. Tres taquicárdicos penaltis y un gol propio de una máquina de pinball hicieron temblar los cimientos del país con los gritos, saltos y vuvuzelas de los españoles.

Posteriormente, en el especial de después del partido, Telecinco emitía la reacción de la afición concentrada en el "Fan Park Hyundai-Telecinco" de Madrid en los momentos claves en los que España brilló (la parada de Iker Casillas del penalti de Paraguay, el no-gol del no-penalti, y el gol que dio la victoria). Toda la afición allí presente en Madrid se fundía en abrazos. Todos a todos, unidos por La Roja, con la alegría y la emoción a flor de piel.

Ese momento fue para mí un poco agridulce: exceptuando el momento de euforia, en general, las personas damos pocos abrazos. Es gratuito, es calor humano, un gesto simple y siempre positivo; pero, sin embargo, nos cuesta. No debería haber una excusa o día señalado para regalar cariño. 

Regala sonrisas, abrazos y, si procede, besos. Alegran el día y es beneficioso para el que lo da y lo recibe.

Por otro lado, y en vinculación directa con el asunto de los abrazos, el fútbol es todo un acontecimiento deportivo pero de igual magnitud en lo sociológico. Un dato: el partido España-Honduras regaló a Telecinco la emisión más vista de toda su historia. 70 de cada 100 personas que estaban viendo chutar la pelotita (casi 13 millones de personas). Esto me hace pensar lo siguiente: si somos capaces de estar embobados viendo cómo un balón viaja en el aire durante un buen rato, ¿por qué no nos unimos todos de la misma forma por otras causas, tal vez, más fructíferas? Poder de convocatoria existe y respondemos a ello. Poder, podemos. 

Sed buenos =)

1 comentario:

  1. Dos comentarios:
    1.- Un profesor que tuve afirmaba, con cierta melancolía, que gran parte de los trastornos psicopatologicos no existirían si existiera en nuestra cultura menos tabú del contacto físico.

    2.- La noche del partido España-Honduras volvía de la academía justo cuando acababa el partido y el espectáculo al que asistí me sobrecogió: las calles desiertas, todo en silencio y de pronto todo el mundo gritando por las ventanas y haciendo sonar las vuvuzelas... llegué a mi casa indignado. ¿Por qué no se echa la gente a la calle así con otras cosas más importantes?

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