miércoles, 15 de septiembre de 2010

Construir

Imagina ser arquitecto por un día. ¿Qué hace falta para poder elevar un edificio? Ilusión, energía, tiempo, voluntad, y algunas herramientas. ¡Tiempo! Centrémonos en el reloj. ¿Cuánto tiempo hace falta para construir ese edificio? Mucho. ¿Y en cuánto tiempo podemos hacerlo volar por los aires? Si nos lo proponemos, en segundos.

Dejemos el ladrillo a un lado. Hablemos de personas. Todos somos arquitectos en el terreno sentimental. Cuando conoces a alguien, ya empiezas a construir algo. ¿Construir una amistad? ¿Futuro en pareja? ¿Construcción de relaciones profesionales? Son diferentes tipos de construcciones en la que apuestas las mismas herramientas citadas anteriormente, sobre todo tiempo e ilusión.

Construir y destruir. Cara y cruz de la moneda. Si te unes a alguien para construir algo, ¿de qué sirve arriesgar a destruirlo? Debemos cuidar más los detalles, las palabras, empatizar permanentemente... Confiar en que habitaremos el edificio, chalet o lo que quiera que estemos construyendo.

Pero, por favor, gente del mundo... No te unas a construir algo conmigo y abandonar el proyecto a corto plazo. No te unas, si no tienes paciencia. No te unas si te gusta jugar con explosivos; no hagas malabares con dinamitas que puedan detonar lo que llevamos construido. No te unas, si piensas realizar otras construcciones sin mí, en la oscuridad y sin saberlo... Financio mis expectativas con la ilusión como mejor aval. No acumulemos barrios con edificios abandonados, sin terminar, y sin inquilinos. No hay nada más triste que pasear por un barrio fantasma. Caminar entre lo que pudo ser y no fue.

Sed buenos.

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