viernes, 12 de noviembre de 2010

Número tres

El pasado viernes día 5 por la noche, asistí a una particular, espontánea, interesante y profunda entrevista sobre mi persona. Intercambié los papeles: de entrevistador, a entrevistado

Se me preguntó acerca de mis deseos, mis miedos, mis aficiones, mis virtudes, defectos... Si soy romántico, si creo en el amor eterno, si perdonaría una infidelidad, lo que más valoro en pareja...

Y una pregunta de las preguntas más destacadas fue: 

"¿Serías capaz de meterte en mitad de una pareja?"

Voy a disertar y hablaros sobre este respecto.

Para empezar, no estoy de acuerdo con la estructura de la pregunta formulada. No existe alguien que se "meta" en mitad de una relación: si la relación es sólida, no existe ninguna escisión (grieta) por la cual pueda 'colarse' alguien. 

En segundo lugar, me gustaría destacar mi generosidad en estos casos. Si me gusta una persona que ya tiene pareja es porque me importa. Si él es feliz (y no "supuestamente" feliz, que es distinto), yo también lo seré. Y si caigo en el amor de uno de los componentes de la pareja, yo me lo sigo y yo me lo como.

En tercer lugar, me veo incapaz de intentar romper una pareja de forma abrupta. Todo lo que sea forzado y apresurado no es natural, ni oportuno. "Ganar" a uno de los miembros de la pareja supondría galardonar la nueva relación surgida bajo las palabras de "Quitamarido". Pero a la vez, yo no puedo dejar de ser quien soy: amable, simpático, sincero, cariñoso, atento y cercano (entre otras cosas). Si uno de los miembros de la pareja se enamora de mí por mi forma de ser, sin que sea pretencioso por mi parte, eso ya es diferente...

El punto segundo y tercero es en lo que a mí respecta, pero tengo muy claro que la pelota estará siempre, sin excepción, en el tejado de la pareja. Y me explico:

Tanto la mentira, la infidelidad como el interés o atracción hacia otra persona son signos claros y evidentes de que algo falla en la pareja. Desde el punto de vista psicológico, tendemos a culpar nuestros propios problemas a terceras personas o circunstancias por miedo o incapacidad de afrontar la realidad más cercana. Echar balones fuera es una posición cómoda, de la misma forma que ver los toros desde la barrera también lo es. Y un torero siempre debe coger el toro por... los cuernos.

En resumen:

  • Las infidelidades, por definición, sólo pueden producirse en pareja. Por tanto, quien quebranta el compromiso de la fidelidad es uno de los miembros de la pareja, y la culpa de ello sólo recae, única y exclusivamente, sobre aquel que contrajo un compromiso.
  • El soltero, ni tiene compromisos, ni quebranta nada. Libertad total de movimiento.

Para quien todavía no acabe de captar el asunto, os pongo un ejemplo muy gráfico (de aquí a hacer un dibujo queda poco): yo puedo encender una cerilla, pero tú acercas el dedo y te quemas. ¿Quién tiene la culpa de que te hayas quemado? ¿Yo, por encender la cerilla sin más? ¿O tú, por aproximar tu dedo de forma voluntaria a la llama? 

Pues eso.

Sed buenos! =)

1 comentario:

  1. Esto merece un aplauso si señor!
    (clap) (clap (clap) (clap) (clap (clap) (clap) (clap (clap) (clap) (clap (clap) (clap) (clap)

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