lunes, 31 de enero de 2011

Cuida de mí mientras sueñe contigo

El destino baraja las cartas, y nosotros las jugamos.

Hace un tiempo pertenecía a un movimiento LGTB que, con motivo del Día anual del Orgullo Gay, decidió organizar un viaje a Sevilla, sede de la concentración. A la capital hispalense llegaron más personas, procedentes de otras Asociaciones LGTB pertenecientes al mismo grupo (FELGTB).

Personas de Sevilla, Granada, Algeciras... Jerez... Un grupo de grupo de personas, unidos por una serie de circunstancias, allí.

Y allí estabas tú. Mario, integrante de mi grupo, quiso ser celestino desde el minuto 1, pero en el fondo soy un tímido: quería que, si algo debiera surgir, surgiese y no fuese forzado.

No fue casual que me uniese al grupo de Jerez. Tampoco fue casual que me fijase en ti, en tu forma de hablar, de expresarte, de ser y sonreír. Y, una vez certifiqué que, efectivamente, no eras cualquier persona, me atreví a dar un paso. Cruzamos miradas, palabras, sonrisas...

Recuerdo perfectamente esa noche: temperatura perfecta en el recién estrenado verano, cena, paseos, hipos ("Voy a hipear")...

Inicialmente, mi habitación no era la tuya, ni la tuya fue la mía. Pero, estuvimos hablando y conociéndonos un buen rato en la enorme habitación de tu grupo. Yo sentado en la cama, y tú reposando tu cabeza sobre mis piernas. El grupo hacía bromas sobre lo nuestro o nosotros, y nosotros sólo sonreíamos. Y, cuando llegó el sueño, me invitaste a no irme, a dormir en tu habitación, contigo, en una cama individual de unas dimensiones perfectas para que estuviésemos cerca el uno del otro. Nos abrazamos, y cada vez sentía más cerca de mí el sonido de tu respirar. Hasta que no dejamos de besarnos...

Al día siguiente, el bus fletado por mi grupo (Málaga) debía partir muy temprano de Sevilla a casa. Y me propusiste que me fuese contigo. A no coger mi bus: a coger el tuyo. A no irme a Málaga, sino a Jerez. A quedarme en tu casa. A no terminar el viaje. A seguir estando juntos.

Cogimos el bus. Recuerdo perfectamente todo: sentados en el ala izquierda del bus, tú en el asiento izquierdo (que daba a la ventana) y yo en el derecho. Al empezar el viaje, el cansancio era evidente: yo quería dormir, pero no podía porque la fiesta seguía a tenor de los demás pasajeros. En un momento, reposé mi cabeza sobre tus piernas. Y tuviste un detalle que recuerdo con muchísima ternura:

"Voy a taparte los oídos para que te quedes dormidito".

Llevaste tus manos a mis oídos para ayudarme a descansar y evitar que el ruido me despertase durante todo el viaje. Cuidaste de mí mientras dormía: mientras soñaba contigo.

Y es que, recuerdo y valoro tanto los detalles...

Aunque no dejes de repetir aquello de: "Ez que zoy muy pequeeeño", eres grande en mi corazón. Tan grande como la luna, y tan brillante como las estrellas.

Fotografía: tú, descansando sobre mí.

1 comentario:

  1. Sólo por detalles como la frase que recuerdas merece la pena vivir. Enorme post, Angelito... casi tan grande como tú.

    ResponderEliminar