domingo, 30 de enero de 2011

Granada: desamor y desenfreno

Odio tanto tener un sueño tan profundo... Ayer, quise despertarme a las 07:30 h. para marcarme un viaje a Sierra Nevada y, así, desconectar un poco de la rutina; pero lo apagué... Nada me despierta, excepto los besos de otra persona. Por culpa de este sueño profundo, me he perdido cosas tan interesantes, como seísmos, el avión que sobrepasó la barrera del sonido y todo el mundo creía que era una bomba, y tantas cosas más...

Aun así, a pesar de despertarme a las 11.30 h., media hora después ya estaba encendiendo el coche. Granada, dirección Sierra Nevada.

Pasé de puntillas por Granada. Es una ciudad que no existe en mi corazón. Es puro terreno nuclear. Y es, a la vez, ciudad de principios y finales de historias de mi vida, incluso habiendo estado sólo una vez. Granada fue el desagüe de dos de mis cinco relaciones. Dos relaciones que mantuve se "interrumpieron" por la libre decisión de querer iniciar unos estudios que, por cierto, eran y siguen siendo posibles en Málaga. Después de la rabia inicial, entendí (o asumí) que el hecho de 'huir' a Granada y dejar atrás Antequera y Fuengirola iba acompañado de: ausencia de padres, salida del armario en una ciudad nueva en la que nadie te conoce. Aun así, yo hubiera hecho exactamente lo contrario: mover las piezas del puzzle, empezar nueva vida en Málaga capital y seguir adelante con la relación.

Granada también tiene su otra cara de la moneda. A los 17 años, tuve mi segunda experiencia sexual con un chico que se llama como yo y que vivía (y vive) en Granada. Para él, fue su primera vez. Recuerdo a la perfección cada detalle de su casa, y de él. Mientras su hermano y su otro compañero de piso estaban presentes en una inmensa casa, hicimos cosas con poca ropa en distintas zonas de la casa. Luego, salimos a comer (comida) en un centro comercial cercano para, posteriormente, meternos en el cine. Una sesión a las 16.00 h. de una película estrenada hacía varias semanas. Además, película española, para garantizarnos la presencia de ningún espectador. Y así fue. Es normal que no recuerde ni siquiera qué película vimos, porque ni la vimos. Es impresionante acabar rodando por el cine, sin ropa, y subidos en butacas haciendo todo lo que vuestra imaginación dé para dibujar escenas y mucho más. Indiscutiblemente, está en el TOP 5 de momentos más excitantes vividos.

Ah sí, ¿por dónde íbamos? El viaje, sí... Después de pasar por Granada para almorzar, subí a Sierra Nevada. Hasta los 1700 metros. Cuidado si vais, que con este frío hacen falta cadenas. Desistí de subir más cuando el coche patinaba y las nubes me nublaban la vista. Descendiendo, encontré un lugar donde aparcar y respirar frío, tocar nieve y hacer fotos.

Sed buenos!

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