martes, 16 de agosto de 2011

El silencio en las redes sociales

En la era de las redes sociales y la permanente comunicación, donde cada persona cuenta con detalle cada acontecimiento de su día a día, me parece que es el momento de observar y valorar qué hechos, aun habiéndose producidos, no se cuentan o se obvian.

Yo también formo parte, con mi blog personal, de expresar y compartir mi vida con aquellas personas que así demuestren, libremente, interés en seguirla. Y probablemente, haya habido momentos en mi vida que, aun habiendo acaecidos, no los haya reflejado, bien por ser poco interesantes como para crear un post, o bien por igualar el silencio con la nula repercusión que, en el terreno de lo personal, me haya parecido o causado.

Por ejemplo, hace poco hice un viaje durante bastantes días y no he tenido a bien ni comentarlo, ni valorarlo en público. Precisamente por eso: silencio = indiferencia. Me parece tan importante conceder valor al silencio como a lo verbalmente expresado, ya que los silencios guardan mensajes, en la mayoría de ocasiones, hostiles: desde la indiferencia hasta el rechazo. Y me parece lógico, ya que todas las experiencias que tenemos a lo largo de la vida no son siempre ni interesantes, ni productivas. Me parece correcto clasificar esos momentos en una jerarquía de valores: relevantes, interesantes, indiferentes, innecesarios o equivocados. Al igual que la alegría y la tristeza (que hay que conocer los momentos difícil para saborear la dulzura de la alegría), en esa ensalada de experiencias ocurre lo mismo: es necesario conocer lo malo para valorar lo bueno.

Hay que ser inteligente. Si cuentas tu vida permanentemente, lo fácil es oír lo que se habla o leer lo que se dice; lo difícil es detectar dónde hay silencios o paréntesis y averiguar el porqué.

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