jueves, 15 de septiembre de 2011

Encuentros inesperados (y no deseados)


No soy usuario del transporte público por dos razones: primero, porque tengo coche propio; y segundo, porque los autobuses en Málaga funcionan peor que mal.

Sin embargo, hoy me subí a un autobús y me encontré con un ex. Acumulo tantos ex, que ya por puro ejercicio de probabilidad, es normal que respiren el mismo aire que yo en más ocasiones de las que me apetece. ¡Qué incómodas son estas situaciones! Simular no haber visto, ni sido visto. Mirar al lado inverso del debido. Mirar hacia abajo, al suelo. Y, mi favorito: el socorrido teléfono móvil. Sí, simular estar enviando un mensaje SMS, marcar un número, e incluso fingir estar hablando por teléfono con el señor Casper.

Debería existir una función de "No conectado" para la vida real. Muchas personas emplean unas enormes gafas de sol para evitar ser reconocidos. O lo mejor: gorra con una profunda visera, gafas de sol y bufanda que tapa hasta la altura de la nariz. Claro, que gorra y gafas de sol en un autobús... ¡Cuánta purpurina! Purpurina viviendo en una zona de clase media, usando bus y con un montón de ropa de marca para maquillar la clase y el estilo que no se tiene. No hay nada más ridículo que aparentar ser lo que en realidad no se es. Y encima, creérselo.

Dejando el maravilloso mundo de los ex, las conversaciones de ascensor son también estúpidas. Da por hecho que el vecino que te hable de la meteorología, es sólo eso, vecino. "¡Hay que ver! ¡Casi finales de septiembre y aún no refresca!" Claro, señora, si vivimos en Málaga...

Sed buenos!

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