lunes, 24 de octubre de 2011

Tita: la familia

"Los amigos son la familia que podemos elegir"

Esa es una de las frases más bonitas de todas las que conozco, que simboliza la capacidad de elección voluntaria, de formar vínculos de amistad basados en un conjunto de sentimientos o razones. De igual forma, cabe pensar que la familia (de lazos de sangre) no es fruto de tu elección, sino del azar, ya que la familia viene impuesta desde que naces hasta que mueres; excepto en ocasiones: ayer, descubrí que una tía mía nunca fue familiar real

La historia se remonta hace décadas. En Álora (Málaga) mi abuela tuvo tres hijos, pero en ocasiones, y debido a motivos laborales, no podía permanecer al cuidado de los pequeños durante todo el día. Así que, una vecina y amiga de mi abuela, se quedaba a cargo de sus hijos (es decir, de mi madre y mis dos tíos). Se fue convirtiendo casi como en una tita para ellos, y así la empezaron a llamar. Se creó desde entonces un muy fuerte lazo sentimental entre tita y mi familia. Desde este momento, llamaré a tita como tita María, para evitar confusión.

Todos crecieron. Mi madre me tuvo, y la hermana de mi madre (mi tía) tuvo tres hijos, que son mis primos. Tita María seguía viviendo en Álora, aunque nosotros nos habíamos mudado a Suiza y, finalmente, a Málaga capital. Desde que tengo recuerdo, tita María solía pasar temporadas en casa de mi tía, como una más de la familia.

Tita María siguió cumpliendo años, los suficientes como para no poder estar ya sola y necesitar los cuidados de alguien. Ella tuvo marido, pero murió a una edad temprana y la única familia real que le quedaba eran unos sobrinos que rara vez se interesaron por ella. Fue en ese momento cuando, de mutuo acuerdo, se mudó con nosotros y recibió durante casi diez años nuestros cuidados como una más de nuestra familia, hasta que a la edad de 89 años falleció.

Durante todo este tiempo, mi familia se refirió a esta persona como tita. Mi abuela, mis tíos, mis primos... Lo natural es nacer y aceptar como verdadero lo que te han enseñado, porque resulta impensable cuestionar si un familiar es o no es de tu sangre.

¿Y cómo surgió este descubrimiento? Hablando de herencias. Tita María nos dejó en herencia todo lo que tenía (propiedades, etc.), ya que ella entendió que nosotros nos habíamos convertido en su familia: ella cuidó de mi madre y mis tíos, y al final, acabó siendo ella cuidada durante sus últimos años por nosotros.

Esta revelación fue verdaderamente preciosa y rompe, en cierta forma, la idea de que la familia viene impuesta. Hay margen de maniobra para adoptar nuevas formas de familia, en base a los hechos y no al azar.

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