lunes, 9 de enero de 2012

Crisis: la hipocresía empresarial


El IBEX-35 cae, la prima de riesgo se dispara, IRPF por aquí, IBI por allá, ERE, Eurobonos, Grecia, Ángela Merkel y la madre que la parió.

Este es el bombardeo constante al que estamos sometidos desde el inicio de la crisis. Una sopa de letras, si bien con palabras ya formadas y descifradas, muy difícil de digerir para el ciudadano medio, cuya vida se limita a ir de la casa al trabajo, y del trabajo a la casa (y dando gracias, por el camino, de que tenga empleo).

Esta tarde, he tenido ocasión de pasear por la zona donde resido. Confieso que hacía mucho, demasiado tiempo que no lo hacía, ya que habitualmente cojo el coche y salgo fuera de la ciudad, a lugares más chic. Me sorprendió la cantidad de comercios que lucían el cartel de "Se alquila", "Se vende" o "Liquidación por cierre"; cafeterías o restaurantes con pocos comensales, o negocios directamente abandonados, sin abrir y con evidentes signos de dejadez. La crisis ha golpeado y sigue golpeando con especial dureza al pequeño o mediano empresario, sin lugar a dudas (sí, a esos a los que Rajoy prometió el oro y el moro y, desde la oscuridad de su escondite, practicó el DondedijeDieguismo al subir los impuestos en concepto de IRPF).

Sin embargo, y comprendiendo que la crisis sí ha afectado al pequeño y medio emprendedor, de lo que quiero hablar realmente es de las grandes empresas y la mayúscula hipocresía que se gastan. Sí, hablo de empresas de telefonía, bancos, grandes almacenes... Por un lado, hacen EREs (Expedientes de Regulación de Empleo, es decir, despidos masivos) con motivo de la crisis, alegando que con ese número de trabajadores resulta inviable continuar con la empresa; y por otro lado, semanas o meses después, presentan unos resultados económicos donde se enorgullecen de haber crecido un tanto por ciento más que el año anterior. Y claro, no cuadra nada.

Las grandes empresas confunden los términos crisis y pérdidas. No podemos pretender crecer indefinidamente, para siempre, porque llega un momento en que es insostenible. Y buena parte de esta crisis se solucionaría tratando de entender lo que acabo de decir y generosas dosis de modestia. Me explico:

Supongamos que en el año 2006, tuve la ocasión de abrir un negocio de restauración. En el momento en que se constituye mi empresa (y cualquiera), las ganancias son de 0 €, con la expectativa de abrir, vender y lograr beneficios. Bien. El negocio es un éxito: en el primer año gano 20.000 € (limpios), el segundo año es aún mejor y gano 35.000 €... y, todo me ha ido tan bien que en 2010, gané 100.000 €. Sin embargo, en el año 2011 que acabamos de dejar atrás, gané 95.000 € (es decir, un 5% menos que el año anterior).

Cuando esto ocurre, las grandes empresas se echan las manos a la cabeza y exclaman... "¡Crisis! ¡Hemos tenido unas pérdidas del 5%!" Y a partir de ahí, despiden a parte de sus empleados. Señores, no son pérdidas: simplemente has ganado un 5% menos, pero sigues GANANDO DINERO y la empresa da beneficios.

Si seguís mi blog, sabréis que, durante varias etapas, formé parte de una multinacional, un retailer de la electrónica de consumo perteneciente, a su vez, a una gigantesca empresa matriz que sigue operando en Europa. Quebró hace ya un tiempo. Tuve acceso a las cifras de ventas de la compañía en España. ¿Cómo es posible quebrar, cuando en Navidad, y con sólo 30 tiendas, se facturaba más de 1 millón de euros... al día? ¿No será que los peces gordos se han estado dedicando todos estos años a engordar el cochinillo para ahora matarlo y hacer recogida de beneficios?

Crisis. Como toda etapa histórica, da para escribir un libro. Si alguna editorial me lee y se anima, he aquí una especie de Risto Mejide que no tiembla al escribir lo que pocos se atreven a contar. A hablar claro, incluso a riesgo de ser demandado.

Sed buenos!

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