martes, 7 de febrero de 2012

La felicidad en Facebook


Hace unos días, leí un estudio psicológico acerca de qué sentimientos puede despertar el uso y la observación de las redes sociales en nuestra persona.

Todo está enfocado dentro del actual sistema sociocultural, moldeado en buena medida a partir de los patrones financieros, en el cual la competencia es la máxima que rige las relaciones humanas bajo la premisa de la escasez (lo que alguien tiene es algo que dejo de tener yo). 

El
 experimento demuestra cómo el hecho de atestiguar el “éxito” o la felicidad de los demás miembros de la red social puede favorecer un estado de depresión. La idea surgió cuando el experto en Psicología se puso a observar las reacciones de sus amigos frente a Facebook y notó que se sentían un poco huraños cuando chocaban con fotos espectaculares, logros académicos o profesionales o alegres actualizaciones. “Estaban convencidos que todos tienen una vida perfecta”, decían algunas personas sometidas a este estudio.

La costumbre de sobreestimar la felicidad ajena no es algo nuevo. Ya lo dijo Montesquieu:

 “Si solo quisiéramos ser felices sería fácil; pero lo que queremos es ser más felices que los demás, lo que es generalmente difícil, pues pensamos que ellos son más felices de lo que en realidad son”.


Si tuviera que concluir en una frase qué representa este estudio, diría que Facebook es el escaparate donde elegimos, de forma consciente y concreta, qué aspectos limitados de nuestra vida queremos exhibir ante los demás, y qué aspectos silenciar. Es decir, somos nosotros quienes suministramos y censuramos cómo somos ante el gran público.

Cometería un error si tomara como válido un sólo modelo de uso de Facebook, porque cada persona usa la red social para distintos propósitos (en mi caso, para generar debate entre amigos sobre las últimas noticias del día). Sin embargo, es muy frecuente destacar los éxitos y ocultar los fracasos. Y en otros casos, parecer lo que uno quiere ser y no es.

Traslademos toda esta teoría al ámbito de los medios de comunicación. Probablemente, si hiciéramos un informativo sólo de noticias positivas (ocultando crisis económica, guerras, amenaza nuclear, etc.) creeríamos con el tiempo que vivimos en un mundo feliz. Suministrar sólo una parte de la realidad, probablemente roce el límite del engaño.

Sed buenos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario