domingo, 15 de abril de 2012

Buscar nada





[Basado en conversaciones con Tauro...]


¿Alguien se ha dado cuenta a qué punto hemos llegado con las relaciones personales? ¿Por qué y en qué momento hemos decidido ser tan sumamente exigentes? Todos sabemos a lo que nos referimos.

 "Busco chico de 18 a 25 años, alto, fibrado, ojos azules, dotado, que tenga coche, que me traiga, me lleve y me pasee, y si puede ser, un chalet en Marina D'Or... para conocer". 

Si bien la segunda parte de ese mensaje es humor, la primera es muchísimo más habitual de lo que mucha gente puede imaginar.

¿Físico? No, modas. A lo largo del tiempo, ser pálido de piel ha sido sinónimo belleza (y, por el contrario, ser moreno era motivo para ser rechazado, dado que estaba vinculado a trabajar en el campo o trabajos forzosos). Tener unos kilos de más, era sinónimo de saludable. El vello, volvía loco a cualquiera a principios de los 90. Y ahora, simplemente estamos en una etapa más, con unos cánones establecidos que, como el resto, también caducarán.

Lo que no caduca ni pasa de moda jamás son los valores y la personalidad: la auténtica radiografía de una persona, que traspasa cualquier vestido de Dolce & Gabbana y cualquier tableta de abdominales.
Si entendemos el amor como un sentimiento de afecto intenso hacia otra persona, de entrega, de convivencia, de comunicación, de estabilidad y de unión, creo profundamente que la jerarquía de prioridades pasan necesariamente por atender criterios basados en la personalidad. Y aquí, el abanico es amplio, con una enorme capacidad de elección, pero que en mi caso podría definirse como:

Simpático, sociable, serio, espontáneo, cariñoso, fiel, sincero, responsable, con ganas de exprimir la vida, coherente y emocionalmente muy estable.

Si ya es difícil encontrar a alguien así (no está de moda la fidelidad, ni la sinceridad), imaginaos si acotásemos el target a "alto + atlético + guapo + ojos azules". Y, por supuesto, que haya feeling por ambas partes es una dificultad añadida a esa sopa de requisitos.

 "Tanto espero, que desespero", decía aquella frase. Si nos quedamos esperando a encontrar, gustar y conectar con el Príncipe de los sueños, los años pasan, la frustración se incrementa y nunca saldremos de la posición de partida.

No somos esculturas. Ser una obra maestra es muy cansado. Somos personas, y de nosotros depende hacer la vida más fácil, más difícil. Que el tiempo no se nos vaya por el desagüe dando importancia a lo efímero, a lo superfluo.

6 comentarios:

  1. Un aplauso por tí. Me has leído la mente!

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  2. Me ha encantado esta entrada. Estamos empeñados en buscar, y resulta frustrante no encontrar. Cuando dejemos de buscar, lo encontraremos todo... jejej.

    Enhorabuenapor esto!!

    DiMora.

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    1. Muchas gracias, Kino! Al fin y al cabo, creo que estamos hechos de la misma pasta.

      Muchas gracias también, DiMora! Había por ahí una frase que decía: "Yo no busco: encuentro". Por cierto, ¿quién eres? ^^ No caigo ahora por DiMora.

      Un abrazo a ambos!

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    2. Jajaja, soy Juanje. Hace tiempo que no hablamos, pero sigo por msn.

      Un abrazo!

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  3. No dejas de sorprenderme, unos dias sin entrar por aqui y me encuentro esta grata sorpresa. Poco mas que añadir a tu entrada, bueno si...que espero charlar otra vez contigo en breve!
    Un abrazo!
    Tauro =)

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  4. Ya me extrañaba no ver tu comentario, en un post especialmente dedicado ^^

    Un abrazo!!

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