lunes, 17 de septiembre de 2012

"Frío, metódico y observador"

Siempre digo que llevo 24 años siendo yo, y qué duda cabe que soy yo la persona que más me conozco (de la misma forma que usted, amable lector, conocerá mejor que nadie su mismidad).

Sin embargo, me fascina poder conocer lo que mi espejo todavía no es capaz de verbalizar: qué parte o partes de mi personalidad transmito, y con qué adjetivos son capaces algunas personas de describirme. Sean buenos o malos, es lo de menos.

Os hablo de un experimento. Hace un tiempo, dos personas, por separado, me conocieron durante 12 horas (en días distintos), y ambos escribieron sus impresiones. Entre los muchos adjetivos, concluyeron de mi persona lo siguiente:

"Aparentemente frío, metódico y observador, pero cercano en las cortas distancias"

Antes de continuar, quisiera destacar que con estas dos personas, en la actualidad, me llevo bien, y que el análisis que quiero exponer no se trata ni de una justificación, ni de una explicación, ni de una respuesta a esas palabras, precisamente porque estas dos personas no entran dentro del -selecto- círculo de mi amistad, y por consiguiente, desconocen, absolutamente, la existencia del blog.

Me encantaría profundizar en el comportamiento de las personas, cómo hemos sido educados, y en base a esa educación, cómo hemos ido catalogando qué aspectos de una persona son positivos o negativos.

Alejémonos de mis adjetivos, y hablemos de cualquier otra cosa. No sé. La soledad. Automáticamente, una inmensa mayoría de personas opinarán que la soledad es mala, o es triste. ¡Y hay que quitarle tanto hierro a esa palabra...! Si entendemos la soledad como carencia involuntaria de compañía (esto es, no tener círculo de amigos), es cierto que es triste. En este caso, me refiero a ese otro tipo de soledad: la soledad voluntaria. Querer dar un paseo solo, conducir solo, viajar solo, emprender proyectos en solitario... Sin embargo, estamos constantemente bombardeados con que la soledad es mala por definición, sin distinguir circunstancias, y que todas nuestras actividades, si no son en compañía, ya no son sinónimo de felicidad o bienestar. ¿Por qué? A una persona le puede gustar pasear sola en ocasiones, sin significar que esté triste, melancólico, o sea huraño, etc.

La introducción de ese ejemplo que he descrito me sirve para resumir mis adjetivos.

Hay quien confunde ser frío, con ser ecuánime, sin distinguir en qué entorno se producen los acontecimientos. Si no estoy con mis amigos, ni con mi pareja, ni con mi familia, ni con personas que yo sepa que no van a cruzar esos círculos personales, no entiendo por qué deba ser cálido. Cordial, sí. Cálido, no. Precisamente de eso trata ser ecuánime: ser estable, imparcial, neutro.

¿Metódico? No cabe duda. Soy profundamente exigente conmigo mismo, tanto en lo personal como en lo profesional, y me gusta que así sea reconocido, porque ser metódico, disciplinado, tener cierto orden y no caos, conduce a éxitos, de mayor o menor relevancia, pero éxitos al fin y al cabo.

¿Y observador? Por supuesto. De hecho, de las muchas o pocas virtudes, es una de las que más me gustan. Observar no es ni más ni menos que recoger información. Y capacidad de análisis. La consecuencia inversa es la que abunda en nuestra sociedad: personas que ven poco, oyen poco, hablan mucho, dicen poco, y expresan nada.

Tres adjetivos, para una misma persona: quien está encantado de compartir quién soy, con vosotros.

2 comentarios:

  1. y tú que adjetivos te pondrías a ti mismo?

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  2. De los 3 descritos, 2, por las razones expuestas.

    Sería muy presuntuoso por mi parte hacer gala de cómo me veo yo, porque en términos generales, nadie es del todo objetivo con su persona, además de que la realidad puede ser distinta según la persona que te valore.

    Por ejemplo, no soporto a las personas que se venden, diciendo: "Soy guapo, simpático, divertido...". Oiga, la belleza es absolutamente subjetiva: a algunos les puedes parecer guapos, y a otros no. A algunos les puedes parecer simpático, y a otros un rancio. Y así, relativizar todos y cada uno de los aspectos que se presten a una valoración personal.

    Lo ideal sería que las personas que conocen BIEN a otras personas (en mi caso, mi círculo de amigos), pudieran valorar en base a una experiencia dilatada en el tiempo y, sobre todo, la cercanía.

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