sábado, 26 de enero de 2013

Bajas en el camino



Hacía tiempo que no dedicaba unos minutos a escribir en mi blog. Muchas de las personas que siguen mi blog, y se animan a crear uno, me plantean cómo gestionarlo con éxito, y con qué periodicidad escribir. Siempre he repetido lo mismo: "Cuando tengas algo interesante o relevante que contar". Esto es lo más parecido al cuaderno de bitácoras de un barco. Si en 10 días de viaje las aguas están calmadas y la travesía transcurre sin problema, es muy poco relevante lanzar un comunicado todos los días diciendo: "Navegamos a velocidad de crucero. Mar en calma".

Desde hace bastantes meses hasta hoy, todo ha ido viento en popa y a toda vela. Velocidad excelente de crucero. Encontré un trabajo que, si bien no es el soñado, aúna todos y cada uno de los factores positivos que puedes pedir a este respecto: comodidad, estabilidad, independencia, satisfacción económica y excelentísimas relaciones laborales con todos y cada uno de los que formamos el equipo.

El pasado jueves, la normalidad se interrumpió. El capitán del barco vino a mi puesto de control, de urgencia, y me comunicaba una noticia que ya conocía: dos de los cuatro compartimentos del barco están inundándose de agua por sendos agujeros que, desde el principio, estuvieron presentes. Las opciones:


  • Sellar los dos compartimentos y sacrificar a los que trabajaban en los mismos, quedando así la mitad del barco inutilizado para siempre.
  • Tirar por la borda a la mitad de la totalidad de la tripulación, para aligerar peso, y que la otra mitad sobreviva, mientras se intenta taponar el agujero por el que sigue entrando agua.

El barco, es una empresa. Los compartimentos, oficinas. El capitán, el jefe. Y la tripulación, la plantilla de trabajadores.

Y la decisión: la última. La más dolorosa. El adiós inmediato, en minutos, de la mitad de compañeros. Mi jefe me trasladó las nuevas condiciones en las que, si yo quería, podía continuar en mi puesto de trabajo. O sí, o no. La aceptación de las nuevas condiciones supondría el automático despido de mi compañera de trabajo; y una negativa, hubiera supuesto mi automática inclusión al poco exclusivo club de parados de este país. 

No pude decir que no. Que un jefe confíe en ti, de nuevo, y ahora para soportar todo el peso de la oficina clave de la empresa, es de agradecer. Pero las condiciones en las que se ha producido todo... Fue de los momentos más difíciles y amargos de mi vida. Volver a aceptar la permanencia de un trabajo, y la confianza depositada, con lágrimas en los ojos, y con la ilusión por los suelos. 

Tuve que suscribir un compromiso verbal de confidencialidad, a través del cual yo debía guardar un amargo silencio. La noticia del despido iba a ser comunicada por mi jefe, a mi compañera, justo al día siguiente. En 20 minutos, y de forma fulminante. Los que tenemos el periodismo inyectado en vena, sabemos que conocer una noticia antes que nadie, y comunicarla, es de lo más satisfactorio. Esta vez, todo lo contrario: me mataba por dentro. No pude dormir. Y a las 10:00 h, fue demoledor. Yo sabía que mi compañera estaba abriendo la oficina, como un día normal, y sabiendo que hoy iba a ser despedida por sorpresa. Que se acababa lo bueno. Y, lo que más coraje da: despedida en una oficina líder en beneficios, con una actuación intachable, absolutamente loable, admirable.

A mí, me toca asimilar todo. La sensación es muy parecida a cuando cortas de forma abrupta una relación de pareja. Es la misma rabia, y el mismo desánimo. Misma sensación de soledad. Teníamos un diario en el que, desde el principio, anotábamos las anécdotas del día a día. Los detallitos inesperados (desayunos, meriendas...) que nos dejábamos y nos encontrábamos al abrir la oficina. Y las largas llamadas telefónicas. Me entristece saber que eso ya no ocurrirá.

¿Y por qué me entristece tanto? Si fuese una compañera más, no lo lamentaría de esta forma tan intensa. La tristeza es proporcional a la felicidad que tenía. Y siempre, en conversaciones a todos los niveles (compañeros y jefes), he repetido por activa y por pasiva aquello de que el fichaje de mi compañera fue todo un acierto: "No podía encontrar compañera mejor". Es difícil encontrar a una persona que reúna algunas de las cualidades que, dicho sea de paso, tengo y de las que estoy orgulloso: amabilidad, fidelidad, generosidad y ganas por hacer bien las cosas.

Por evidentes y primordiales motivos de discreción, no voy a citar ni empresa, ni nombres, ni apellidos, ni números, ni siquiera el sector al que pertenecemos. Ni hoy, ni nunca. ¿Qué más da? Desgraciadamente, hoy en día, esta historia encaja en cualquier empresa de este país.

En fin. Muy triste todo. Muchísimo.

4 comentarios:

  1. Joe... Me dan ganas de conocer a tu compañera y todo de lo bien que la has puesto!
    Desgraciadamente, como bien dices, esto es una realidad, y de momento toca aguantar.
    Ánimo, tio!

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  2. Muchas gracias, Juanje!

    ¿Nos conocemos? Cuéntame de ti, si quieres! Es un enorme placer saber o entablar algo de contacto con quien se interesa por mí.

    Gracias de nuevo.

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  3. Sí, nos tuvimos en msn hace... mucho, jajaj. Pero hace meses que no me apareces (lo mismo hiciste una limpia de contactos y yo caí entre ellos, jejej).
    Si te sirve para recordar, estudio arte dramático...

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  4. ¡Uf! Reconozco que tengo muy mala memoria... Muy mala. Pero me suena, me suena!

    No hice limpieza de contactos. De hecho, no me gusta eliminar a nadie y rara vez lo he hecho. Sin embargo, dejé de usar MSN desde mayo-junio del año pasado, en favor de Facebook.

    Si quieres que nos agreguemos a Facebook, por mí encantado!

    Ángel.

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