jueves, 28 de marzo de 2013

Volver. Reinventar.



Tengo la sensación de haber concluido un largo ciclo en mi vida personal.

Desde los 16-17 hasta los 22 años, he vivido de forma extraordinariamente intensa, a todos los niveles, tanto para bien como para mal. También en el plano sentimental. Los años más felices. Años de estar en pareja. De amor. De compartir vida.

Ese periodo, no obstante, no estuvo marcado por la estabilidad: los mejores años, sí, pero con cinco parejas distintas. Y entre medias, algunos pasatiempos. Años de ascensos, y descensos. De aciertos, y tropiezos. De sonrisas y lágrimas. Sin pausa alguna.

Esa es la clave: no haber existido prácticamente descanso entre las distintas relaciones (muy distintas entre sí, por cierto), y no haber tenido tiempo de digerir esos ascensos y descensos de emociones, multiplicados por cinco. Que tampoco considero que haya sido un error, sencillamente porque nadie puede controlar ni cuándo, ni de quién enamorarse.

Pero sí es cierto que vivir rápido y de forma intensa, sin hacer revisión en las etapas correspondientes, pasa factura. Todo el trabajo se acumula al final, y termina por saturar. Como si en tu oficina llegases a acumular una montaña de folios y te preguntas por dónde comenzar.

Esa etapa comienza con un hartazgo generalizado por todo lo que tenga que ver con una candidatura a algo más que una amistad. Continúa con un firme compromiso de establecer un largo descanso sobre este mismo respecto (algo sencillo, propulsado por ese hartazgo). Y ese descanso incluye una profunda revisión sobre qué ha funcionado y qué no ha funcionado en el pasado. "Revisión de daños, Sr. Murdoch", decían en Titanic. Y el ejercicio de esa revisión no tiene nada que ver con la melancolía, o con querer volver atrás. Más bien todo lo contrario: se trata de concluir de forma ordenada una serie de etapas.

Bien. Esa etapa, efectivamente, ha concluido. El descanso emocional, positivo para oxigenarme. Y el periodo de reflexión, una terapia excelente para resolver, no sólo el pasado, sino situaciones de futuro. Hacía mucho tiempo que no sentía ganas de volver a sentir aquello de estar con una persona, compartir horas, días, vida...

Y, de alguna forma, alcanzar ese punto en el que me encuentro se traduce en volver a mis orígenes: más dosis de humor, de ironía, de actividad, de valentía, y sobre todo, de ilusión: el motor que mueve todos los engranajes.

2 comentarios:

  1. Me alegro de que tu encefalograma plano emocional haya comenzado a registrar latidos de nuevo. Miedo me da que se fomenten tus dosis de humor e ironía (viendo cómo te has dirigido a la plebe hasta ahora), pero mientras la valentía y la actividad se incrementen (ya sabemos que hay que hacer ejercicio... jiji) todo serán ventajas.

    La ilusión, como dices, es lo que mueve todo, y perderla es peligroso. ¿Qué es la ilusión sino el sentimiento que nos produce conseguir aquello que nos ayude a estar bien? Todos queremos estar bien, y es bueno saber que tú vuelves a quererlo.

    Como diría el Sr. Miyagi: "Siempre positivo, nunca negativo". =D

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Este es el Ángel que yo conoci hace tiempo y que siempre he sabido que estaba ahi. Todos necesitamos un tiempo para hibernar y volver con mas ganas.

    Un abrazo!!

    ResponderEliminar