viernes, 26 de julio de 2013

La gestión de la información en la tragedia

Como casi siempre que hay un bombazo informativo, que sacude con fuerza a la sociedad, nunca llueve a gusto de todos en lo que se refiere a la gestión de la información periodística.

El País saca hoy una fotografía del teléfono móvil de un familiar de Susana, una de las supervivientes del accidente de tren de Santiago. La imagen muestra unas líneas de conversación de WhatsApp, en el que la chica alerta de la situación en la que se encontraba. "Accidente. Ni sé si saldré. Me ahogo. Aplastada". A los cinco minutos, volvió a escribir: "Estoy a salvo".



Algunos ubican esta publicación en el lado malsano del morbo, y desde ese momento, se enciende la polémica que pone en permanente tela de juicio la ética profesional de esta profesión, que trata ni más ni menos que contar lo que que sucede.

La relevancia informativa de semejante desgracia humana no puede detenerse en lo meramente objetivo. En los vagones no iba mercancía industrial: iban personas. Creo en las personas, y creo en el interés, limpio y sano, que la sociedad puede tener hacia las víctimas: su evolución sanitaria, qué pasó, cómo pudo salir... No es morbo, ni aún menos regocijo. Es curiosidad, es querer conocer cómo el ser humano se comporta en situaciones límites. La captura de mensajes de WhatsApp, refleja además cómo la tecnología ha cambiado nuestras vidas, no sólo en lo cotidiano, sino en los momentos claves de la vida.

Todas las historias tienen un principio, nudo y un final. ¿Qué es la vida, si no una historia?

Nos estamos volviendo sensibles hasta el punto de alcanzar la gilipollez. Que salgan las historias que tengan que salir, que sean reales, y que las personas sean las que decidan si son relevantes o no, y si las consumen o no. Si las víctimas, que tienen la absoluta legitimidad, están decidiendo compartir libremente lo que ha pasado, ¿a cuento de qué se quiere crucificar al periodismo, cuya única función, en este caso, es plasmar lo que los protagonistas necesitan contar?

Matar al mensajero. Qué antiguo es eso ya.

1 comentario:

  1. No conocía esa imagen. Se me han puesto los pelos de punta al leerlo. Imaginar ese momento... ¡uff! Tanto para la persona que intenta lanzar el mensaje como para la que lo recibe, sin entender, como le pasa a esta persona, lo que está pasando.

    A mí no me parece morbo, me parece la parte más real de la noticia, y es algo puntual. No sé, si ya se empezase a abusar de este tipo de cosas, qué sé yo, por ejemplo empezar a mirar los teléfonos móviles de todas las personas que intentaron comunicarse con sus seres queridos tras el accidente, lo mismo sí me parecería excesivo y entraría a en el juego el morbo. Pero por el hecho de ser algo tan reciente. Quizá por respeto a aquellos que han perdido a alguien en ese tren y que no pudieron comunicarse siquiera. Pero este hecho puntual no me parece motivo para atacar al periodismo.

    Juanje.

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